Parece que mentira que nos despidamos de uno de los estrenos del año a mediados de noviembre. Pues es cierto, el pasado domingo se emitió el último episodio de la presente temporada de True Blood y a mi parecer han cumplido en parte las expectativas. Se nos han dado algunas respuestas y se nos han abierto varios interrogantes, lo que es en parte normal, ya que la segunda temporada está confirmada desde el segundo episodio.Espoilearé libremente sobre el episodio, si no lo habéis visto parad aquí...
Al final del capítulo pasado ya se nos mostró quién era el asesino. Me sorprendió bastante, no lo esperaba, pero tampoco le he dado demasiadas vueltas, me lo he creído y punto. Cómo lo han cazado sí que me ha parecido algo rocambolesco (ese baúl con las pruebas no me ha gustado nada), pero ha sido mínimamente coherente. Por otro lado, se nos han abierto unos cuantos interrogantes respecto a la misteriosa Maryann y ese jabalí, el dineral de Sam, la desaparición de Lafayette o el cadáver presente en el coche del detective Andy. Nos cierran alguna trama y nos abren otras de manera natural.
Como pega a esta parte final de la temporada querría destacar el poco peso que ha tenido el tema de los derechos de los vampiros y ese símil con la población negra del sur de USA. En este último episodio sí que han hablado algo de ello Jason y el representante de la Comunidad del Sol, pero ha sido algo nimio. El principio de temporada estaba lleno de referencias al respecto, ahora, en cambio, parece que las sectas serán las que cojan ese papel (no he leído los libros y no tengo ni idea de lo que ocurre, simplemente me aventuro a plantear una suposición).
Aun no siendo un gran fan de lo fantástico, la serie me ha gustado mucho, esperaré la vuelta de Sookie, Bill y los demás con muchas ganas.


